Siempre es posible volver a #confiar

Podría afirmarse que confiar en uno mismo es más importante que confiar en los demás. Puede sonar fuerte y contrario a lo que nuestros padres y maestros nos han enseñado, no sin reservas. Pues la verdad sea dicha, cuando somos niños confiamos muchísimo en la gente que nos rodea, pero la vida nos suele tornar desconfiados, muchas veces con razón, pero muchas veces, sin ella.

Y eso es aún más cierto si nos han traicionado, si han roto nuestra confianza, ya sea por algún hecho relevante o si simplemente han hablado a nuestras espaldas mal de nosotros aquellos o aquellas a quienes les habíamos regalado nuestra confianza.

No estamos obligados a ser confiados, la confianza la damos porque sentimos que es un valor, algo hermoso, y por esa misma razón es necesario estar alertas y conocer a quién se la brindamos. Es importante mantener los ojos y los oídos abiertos y seguir el desenvolvimiento de una nueva relación.

Verse traicionado es una experiencia muy dura para cualquiera, se siente como un ataque personal a nuestra honestidad y a nuestros buenos sentimientos. Muchas veces, ante una situación de estas características, algunas personas “bajan las persianas” y prefieren aislarse, hay quienes incluso se vuelven un tanto anti sociales y prefieren la soledad, quizás por miedo a una nueva traición. 

Pero pensemos, ¿cuánta de esa gente nos hemos encontrado? ¿Y cuánta de la otra, la que toma nuestra confianza y no hace más que agrandarla? Seguro, pero seguro, los segundos rebasan por mucho a los primeros.Entonces, ¿por qué permitir que nos golpeen más los primeros? Es un poco injusto, tanto para con los demás como para con uno mismo, ¿no es cierto?

Ello no significa que no sintamos “el golpe”, la cosa es qué hacer después. ¿Descartaremos a todos aquellos que intenten relacionarse con nosotros? ¿Nos pondremos a la defensiva con las personas que lleguen luego a nuestra vida?¿Evitaremos a los demás indefinidamente? ¿Y si nos perdemos a alguien maravilloso, o a una situación que nos cambiará para bien? El riesgo de tomar semejante actitud es demasiado, ¿no lo crees?

Así que una vez que la tristeza cede, porque será inevitable y necesitaremos vivirla,hagamos el esfuerzo de “regresar al mundo” para reencontrarnos con quienes sí valen la pena. Pero hagámoslo con los ojos bien abiertos y con nuestra confianza en nuestra mano para brindarla a quien verdaderamente la merece. 

Es cierto que la confianza no es gratis, porque es nuestra y ha sido amasada a través de años de experiencias y buenas relaciones, en el ámbito familiar, con los amigos, con los colegas, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros jefes, con el dueño de la tiendita, e incluso con el desconocido que nos encontramos en el metro y sabemos que nos cuidará, que está atento a nuestras necesidades, que nos tenderá una mano si nos ve en dificultades y que sonreirá si nos ve reír a carcajadas.

Muchas veces vemos al mundo como un lugar ancho, ajeno y lleno de peligros y sufrimientos potenciales. Hagámoslo propio y volvamos a confiar, con los brazos abiertos, con los sentidos atentos y el corazón despierto.

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